El cambio climático expande mosquitos y sus enfermedades al norte
En regiones antes templadas de EE.UU. aparecen especies invasoras de mosquitos que transmiten dengue, Zika y encefalitis equina. Los expertos advierten que el monitoreo, clave para prevenir brotes, es costoso y está fragmentado.

El calentamiento global está modificando el mapa de los mosquitos en Estados Unidos. Regiones históricamente templadas, como Nueva Inglaterra, se vuelven más cálidas y húmedas, y eso permite que especies antes confinadas al sur amplíen su territorio hacia el norte, junto con las enfermedades que pueden transmitir.
En Connecticut, un programa estatal de monitoreo detectó 54 especies distintas de mosquitos, entre ellas el mosquito tigre asiático, una especie invasora capaz de transmitir dengue y Zika. Su hábitat original son los climas cálidos y húmedos más al sur, pero viene desplazándose hacia el norte en los últimos años.
Philip Armstrong, científico jefe de la Estación Experimental Agrícola de Connecticut, que coordina el trampeo y análisis de mosquitos en el estado, señaló que están apareciendo "una serie de especies nuevas" en la región. Según explicó, testear los mosquitos es la única forma de identificar los focos donde circulan los virus, porque cuando se detectan casos humanos, suele ser demasiado tarde para actuar.
Un sistema de vigilancia fragmentado
La mayor parte del país no cuenta con programas de monitoreo a nivel estatal. En su lugar, más de 1.000 agencias locales de control de mosquitos intentan hacer un seguimiento de la situación, cada una con su propia estructura y metodología.
Dan Markowski, de la Asociación Americana de Control de Mosquitos, una organización sin fines de lucro dedicada a reducir estos insectos y las enfermedades que transmiten, planteó que el país debería tener una base de datos nacional que centralice la información de todos los programas de vigilancia. El principal obstáculo, dijo, es el financiamiento.
La semana pasada, Connecticut confirmó que ya se detectó virus del Nilo Occidental en mosquitos durante esta temporada. Ese virus, que se manifiesta cada verano, es hoy la principal causa de enfermedad transmitida por mosquitos en el noreste del país. Aunque la mayoría de las infecciones no presentan síntomas, puede provocar cuadros similares a la gripe y ya causó más de 3.300 muertes en Estados Unidos desde su aparición en 1999.
El programa de monitoreo de Connecticut se creó dos años antes, en realidad, para vigilar otra amenaza: la encefalitis equina del este, una enfermedad rara pero grave, con una tasa de letalidad cercana al 30%. Aunque sigue siendo poco frecuente, los brotes se están volviendo más habituales en la región.
Armstrong describió que ahora se observan ciclos de mayor actividad viral que antes no existían, un patrón que atribuyó a los efectos del cambio climático.
Por qué se altera el riesgo de contagio
El calentamiento global no solo amplía el territorio de los mosquitos que transmiten virus. También alarga la temporada de transmisión, reduce la cantidad de depredadores naturales de estos insectos y modifica los hábitats disponibles para su reproducción. Distintas investigaciones anticipan que enfermedades tropicales como el Zika, el dengue, el chikunguña y la malaria podrían establecerse de forma permanente en zonas templadas a raíz del cambio climático.
Brian Leydet, especialista en enfermedades transmitidas por mosquitos y garrapatas de la Universidad Estatal de Nueva York en Syracuse, explicó que el aumento de la temperatura acelera el desarrollo de los mosquitos, lo que permite múltiples generaciones por año en zonas donde antes no era posible. También advirtió que estos cambios ambientales afectan a los huéspedes originales de los virus, como aves y ciervos, generando alteraciones ecológicas complejas y difíciles de estudiar.
Leydet ayudó a crear un programa de monitoreo en el condado de St. Lawrence, Nueva York, en 2024, luego de un brote de encefalitis equina del este. A diferencia de Connecticut, Nueva York no tiene un programa estatal, y muchos condados carecen de infraestructura y presupuesto para hacer un seguimiento regular.
Los programas de vigilancia requieren equipos que instalen y revisen trampas —algunas usan agua con materia orgánica en descomposición para atraer hembras, otras liberan dióxido de carbono con hielo seco— además de especialistas que identifiquen y analicen las muestras capturadas. En zonas rurales, incluso conseguir hielo seco puede ser un problema logístico.
Leydet remarcó que la falta de coordinación entre condados hace que algunas especies invasoras pasen completamente desapercibidas. Sin financiamiento sostenido, dijo, estos programas terminan desapareciendo, y eso implica que solo se reacciona cuando el problema ya está instalado, en lugar de prevenirlo.
Un proyecto de ley busca centralizar el monitoreo
En la legislatura del estado de Nueva York se presentó este año un proyecto que busca sentar las bases de un sistema integral de vigilancia de mosquitos, en reemplazo del esquema actual, calificado en el propio texto como disperso y desarticulado. La iniciativa apunta a que las autoridades de salud puedan anticiparse a los brotes en lugar de responder cuando ya ocurrieron.
Entre las medidas preventivas que se pueden aplicar antes de un brote figuran:
- Eliminar el agua estancada, donde se reproducen los mosquitos
- Aplicar larvicidas en zonas identificadas como criaderos
- Recomendar el uso de repelente y ropa que cubra la piel al aire libre
Cuando la situación ya es un brote activo, suele requerirse fumigación con pesticidas a mayor escala.
Leydet consideró que una mayor centralización sería un avance, aunque reconoció que coordinar un estado grande como Nueva York es un desafío, sobre todo cuando se conocen los costos involucrados. Aun así, sostuvo que cualquier avance en ese sentido es mejor que no tener nada.
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