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La Zumba suma cada vez más hombres en Corrientes

Las clases de ritmos latinos dejaron de ser cosa de mujeres: instructores locales aseguran que la disciplina ayuda a combatir el estrés, la depresión y a sumar amistades.

Por WebMaster 1 min de lectura6 visualizaciones
La Zumba suma cada vez más hombres en Corrientes

Una disciplina que crece en la ciudad

Las clases de ritmos latinos, conocidas como Zumba, ganan cada vez más adeptos en la ciudad de Corrientes. Se practican en garajes de casas particulares, en paseos públicos y en salones de gimnasios, combinando música, baile y ejercicio físico.

Durante años la actividad estuvo asociada casi exclusivamente al público femenino, pero en el último tiempo cada vez más hombres se suman a las clases de bachata, reguetón, cumbia, salsa y merengue.

Más que ejercicio: contención emocional

Según instructores consultados, la Zumba no se limita al trabajo cardiovascular: también tendría efectos positivos en el estado de ánimo de quienes la practican.

"No es solo bailar y hacer ejercicio. En una clase hasta se puede encontrar la felicidad por unas horas. Hay gente que llega con depresión, problemas familiares o laborales y logra desestresarse", relató Hernán Sosa, instructor oficial de la marca y referente local, que hace tres años se dedica a la disciplina y viaja por el país dando clases.

Sosa sostiene que las clases funcionan como una vía de escape frente a tensiones y conflictos internos, y que su duración va de los 30 minutos a una hora.

De los prejuicios a la inclusión

El instructor remarca que la actividad está pensada para todas las edades: existen formatos como Zumba Kids, Zumba Fitness para adolescentes y adultos, y Zumba Gold para mayores de 50 años.

Juan Carlos Márquez, de 57 años, practica la disciplina desde hace 15 y el 20 de septiembre se recibió como instructor. "No es un ejercicio que te reste energía, al contrario da más fuerzas y te alarga la vida", afirmó, y rechazó la idea de que los ritmos latinos sean exclusivos de las mujeres.

Alejandra Giles, instructora de 34 años que da clases en el Centro Integral de Desarrollo Comunitario del barrio Caridi, coincide en que la actividad "permite desconectar de la rutina" y sirve especialmente para entrenar el tren superior del cuerpo.

Entre coreografías y encuentros semanales, los participantes destacan que las clases también se convirtieron en un espacio de socialización donde surgen amistades y se fortalece el compañerismo grupal.

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